Después de recorrer el mundo entero en busca del éxito, y no conseguir encontrarlo. Este artista incalificable (bueno lo es calificable, pero esto podrían leerlo niños), se sube de nuevo al escenario para ofrecer un profundo análisis sobre las relaciones de pareja. Lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que no ha pillado cacho en su vida. Su análisis es tan profundo, tan intenso que no se entiende. Porque el cerebro de este hombre es como un canal codificado: vamos que cuanto más miras, menos ves.
Estás, por tanto, ante una obra que habla del amor y que se basa en esa costumbre tan nuestra, tan española, de hablar sin que se nos pregunte o dar consejos sin que nos lo pidan.
En cuanto a la escenografía del espectáculo solo se puede decir que es minimalista. Tiene la mínima lista de cosas que hacen falta. No es algo creado al azar, sino que es una idea sabiamente madurada para facilitar al espectador la libertad de abstraerse y ofrecerle así la posibilidad de que piense en sus cosas o se entregue al ejercicio de crear mundos paralelos llevados por el arrullo de una voz aterciopelada que surge de un cuerpo, por cierto, imponente. Bueno, por eso y porque sale mucho más barato que construir un portaaviones, por ejemplo.
Si todo esto no consigue despertar tu interés solo te quedan dos opciones, correr a la taquilla para reclamar el importe de tu entrada, que lo tienes crudo, o relajarte e intentar disfrutar de esta función, en la certeza de que estas siendo solidario con un ser que apenas sabe hacer otra cosa para ganarse la vida. Gracias por tu donativo.
Audio: bermudez_2009


